20/05/2024
Nutrición

Análisis de sangre. Rangos "oficiales" vs. Rangos "óptimos".

En mi práctica clínica es muy típica la situación en la que me llega una persona con la analítica que le pido y me diga: “lo tengo todo bien, bueno… excepto el colesterol” y cuando la valoro yo, se sorprenden cuando les digo: “bueno… en realidad hay muchas cosas que corregir, excepto… el colesterol, que lo tienes bien”. Es decir, las personas (y los médicos) se quedan tranquilas cuando un biomarcador, en la hoja de resultados de la analítica, no “lleva un asterisco” o no “sale en negrita”, es decir, cuando no está fuera del rango “oficial”.

 

“RANGOS OFICIALES”

Aunque es un tema que ya traté en mis anteriores libros, por su importancia y por la confusión generalizada que existe, quiero explicar de nuevo los rangos “oficiales” (los que aparecen en las hojas de los análisis) y por qué yo no les hago (mucho) caso y manejo otros distintos: los rangos “óptimos”.

Primero, para cada biomarcador, estos rangos “oficiales” se calculan sobre una desviación estándar, por arriba y por abajo, de la media del valor que tienen las “personas sanas” de una población. Pero este cálculo no siempre es el adecuado. Por ejemplo, si en la población existe un déficit generalizado (como puede ser el caso de la vitamina D) o un exceso generalizado (como puede ocurrir con la glucosa, la insulina, los triglicéridos, la homocisteína, etc.), estos rangos estarán mal establecidos porque se calculan sobre un dato incorrecto.

Segundo, aun no estando afectado el rango “oficial” por lo dicho anteriormente y esté bien calculado, que algo esté justo por encima o por debajo de sus umbrales simplemente significa que no existe un déficit o un exceso, que ni de lejos es lo mismo que algo esté en su punto óptimo. Es decir, estos rangos oficiales son muy amplios y que algo esté dentro de rango, no significa que esté en su punto óptimo. Como vamos a ver, el organismo no funciona igual cuando simplemente no tiene déficit a cuando el biomarcador está en su “mejor sitio”. Además, estos rangos tan amplios son muy poco sensibles para detectar estados de enfermedad en etapas tempranas. Esto significa que algunos individuos con valores "en el borde" del rango normal podrían estar en las primeras etapas de una enfermedad.

Para entender esto tengo que explicar la teoría del triaje nutricional del bioquímico de la Universidad de California Bruce Ames. La palabra “triaje” viene del francés trier (‘clasificar’) y es un término médico que se usa, especialmente en urgencias, para definir las prioridades de atención cuando, en un momento dado, los recursos disponibles son superados por las demandas clínicas. Por ejemplo, está claro que se atenderá antes a un paciente grave que a uno leve, pero también antes a uno grave que a otro muy grave que no tiene posibilidades de sobrevivir. Bruce Ames adaptó el término y lo llevó al terreno de lo nutricional proponiendo que, cuando el organismo no tiene suficiente cantidad de un nutriente para realizar todas sus funciones, prioriza las principales, es decir, aquellas que afectan a la supervivencia inmediata, a expensas de las secundarias, que afectan a la salud a más largo plazo, y a enfermedades más relacionadas con el envejecimiento, entre ellas el cáncer.

A modo de ejemplo sirve cualquier nutriente, pero vamos a ver dos, el de la vitamina K y el de la vitamina D.

La función principal de la vitamina K es mantener una coagulación óptima de la sangre. Esto, en caso de herida (lo cual era más habitual en ambientes ancestrales), reduce el riesgo de evitar morir desangrados. En este estudio con ratones se demuestra que, cuando la vitamina es limitante, se da preferencia a esta función (supervivencia inmediata) sobre las secundarias (salud a largo plazo) y se ve cómo aumenta la fragilidad ósea tras la pérdida de estrógenos, la calcificación arterial (relacionada con enfermedad cardiovascular) y el cáncer.

Con la vitamina D, sucede parecido, el corte del déficit se sitúa oficialmente en 30 ng/Ml, es decir, desde la Seguridad Social, nunca se suplementa si no está por debajo de ese valor, incluso a veces ni cuando baja de ahí, y cuando se suplementa, no se hace correctamente, pero ese es otro tema que ya he tratado en el blog. Por ejemplo, en este metaanálisis que comparaba la mortalidad por COVID-19 con los niveles de vitamina D, se concluye que: “se sugiere un punto teórico de mortalidad cero en niveles de aproximadamente 50 ng/Ml de vitamina D3 en sangre”. Este punto justamente coincide con este otro metaanálisis que recopila 32 estudios realizados entre 1966 y 2013, y que estima que la menor tasa de mortalidad por todas las causas de enfermedad se sitúa con una vitamina D sobre 50 ng/Ml.

¿Vamos entendiendo ya por qué no es lo mismo no tener déficit (dentro de rango “oficial”) a que algo esté en su punto óptimo?


“RANGOS ÓPTIMOS”
Un rango «óptimo» para un biomarcador concreto es aquel suficiente para que el organismo pueda realizar absolutamente todas las funciones dependientes de él (las pocas principales y las muchas secundarias) de una manera adecuada, pero sin que haya un exceso que sea dañino para el organismo. Y todo esto independientemente de los valores medios que tengan las personas “sanas” de una población.

En resumen, que no exista un déficit según el rango «oficial» solo significa que están aseguradas las funciones principales, las de supervivencia inmediata, y eso en el caso de que esté bien establecido el rango. En cambio, que algo esté en su rango «óptimo» significa que, además de las funciones principales (sobrevivir), el organismo es capaz de llevar a cabo las funciones secundarias importantes para la salud a medio y largo plazo (vivir), que es lo que a mí me interesa en mis clientes y lectores., porque todos queremos vivir un poquito más y sobre todo mucho mejor ¿no?

Conviene indicar también que remontar un déficit establecido, o en algunos casos meter algo en su rango óptimo, es prácticamente imposible hacerlo solo con alimentos. Algunos idealistas dirán que, llevando una dieta perfectamente equilibrada, es posible tener todo en su rango óptimo y que la suplementación es un negocio y es evitable. Con que es un negocio y hay mucho marketing estoy de acuerdo, y además no está regulado, por lo que la pureza de muchas marcas deja mucho que desear, pero con lo de que es evitable, si alguien quiere alcanzar su máximo potencial, no estoy de acuerdo.

En primer lugar, nadie, repito, nadie lleva una alimentación equilibrada a la perfección, y segundo, nadie, repito, nadie nace bendecido con una genética perfecta y todos tendremos uno u otro polimorfismo genético que afecta a la asimilación y el metabolismo de algún nutriente procedente de los alimentos. La teoría es muy bonita, pero quien tenga experiencia en la práctica clínica sabrá que todas las personas tienen algo que es susceptible de mejora con una suplementación adecuada.

 

CÓMO PODEMOS SABER LOS “RANGOS ÓPTIMOS”

A la hora de saber en qué sitio debe estar cada biomarcador, yo soy más partidario de analizar los estudios que hay sobre la relación entre el nivel de un biomarcador y la muerte por todas las causas. Es decir, estos estudios lo que hacen es investigar qué niveles más altos, o más bajos, de este biomarcador se asocian con un mayor riesgo de muerte por cualquier causa de enfermedad, y determinan un rango óptimo en el que existe la menor probabilidad de muerte.

Estos rangos son bastante más estrechos que los oficiales y en muchos casos distintos, como hemos visto con la vitamina D. Vamos a ver otros dos casos, relacionados con el riesgo cardiovascular, que suelen sorprender a mis clientes porque lo que les digo yo, de que si está bien o mal, no coincide con lo que ven en la analítica o lo que les dice su médico.

Caso 1. El colesterol

No me voy a extender a hablar del colesterol, ni de lo importante que es por todas las beneficiosas funciones que realiza, ni de por qué no hay que tenerlo cuanto más bajo mejor, ni por qué no hay tipos de colesterol malos (todos son buenos/necesarios), etc., todo eso ya lo traté en otro artículo. Aquí vamos a comparar los rangos oficiales que aparecen en las hojas de las analíticas con los rangos que indican los estudios científicos en los que existe menos muertes por todas las causas.

Colesterol total:

- Rango oficial: por debajo de 200 mg/dL.

- Rango óptimo: 200-240 mg/dL (estudio, estudio, estudio). Y a medida que envejecemos (> 50 años) existe menos muertes por todas las causas con el colesterol total todavía un poco más alto de esto.

Colesterol HDL:

- Rango oficial: más de 40 mg/dL.

- Rango óptimo: 50-70 mg/dL (estudio, estudio, estudio). En personas mayores de 65 años, existe menos mortalidad con el HDL más elevado (70-80).

Colesterol LDL:

- Rango oficial: menos de 116 mg/dL para personas con bajo riesgo cardio vascular, y más bajo según el riesgo aumenta.

- Rango óptimo: 110-150 mg/dL (estudio, estudio). En hombres mayores de 65 años, el punto óptimo está sobre los 150 y en mujeres sobre los 190.

Como vemos, el colesterol no es el culpable de ninguna enfermedad, más bien es protector, y más a medida que envejecemos. En cambio, se sigue insistiendo en reducirlo cada vez más (bajando los rangos oficiales y usando fármacos cuando lo tenemos por encima de esos rangos).

Que algo (en este caso el colesterol) sea una causa necesaria (es lo que se acumula obstruyendo los vasos sanguíneos) no quiere decir que sea causa suficiente, ni mucho menos la causa raiz de la enfermedad. ¿Qué es lo que causa que el colesterol se quede pegado y empiece a formar la placa de ateroma que obstruye los vacos sanguíneos y eleva el riesgo cardiovascular? Esta es la pregunta. El colesterol es bueno, lo necesitamos, nos protege, pero tiene que estar circulando, no pegado a nuestras arterias, esto último es lo que hay que atajar: teniendo un endotelio (capa interna de las venas y las arterias) sano, aumentando el tamaño de las partículas de colesterol (cuanto más grandes más dificil es que se incrusten en el endotelio), que el colesterol no se oxide, etc. ¿Cómo lo conseguimos? pues reduciendo la inflamación, la homocisteína, la glucosa/insulina, etc. con suplementación específica de vitaminas concretas y otros nutrientes, con hábitos (adecuada alimentación, ejercicio físico, no fumando, etc.). Pero supongo que es más fácil (para todos) usar un fármaco para quitar de en medio el colesterol. Tampoco quiero que esto se malinterprete, no soy anti-estatinas y creo que son muy útiles y tienen su cabida en determinadas circunstancias, por ejemplo, en personas que por genética (o porque no adoptan hábitos saludables) no mantienen el colesterol dentro de los rangos teniendo además un contexto favorecedor de convertir ese colesterol en algo dañino en vez de protector. Lo que ocurre, y lo que critico, es que creo que se está abusando de su prescripción y dando fármacos a personas sanas manteniéndolas su colesterol por debajo de los rangos óptimos, y considero que es contraproducente. Me cansa un poco cuando personas que se cuidan (comen bien, son activas…) y en un contexto endógeno saludable (baja homocisteína, APOB, triglicéridos, glucosa/insulina, proteína C reactiva…) me llegan asustadas por que han visto en el papel de la analítica (o les ha dicho su médico) que tienen el colesterol alto por tener el total en 220 y el LDL en 130.

 

Caso 2. La homocisteína

- Rango oficial: Menor de 15 μmol/L.

- Rango óptimo: Menor de 8 μmol/L. Cuanto menos, mejor (estudio, estudio, estudio).

Para mí, es uno de los biomarcadores estrella que habría que comprobar obligatoriamente en cada analítica de sangre, cosa que habitualmente no se hace, y cuando se hace, se interpreta mal. Ya veis que, si por ejemplo, en la analítica sale un valor de 14 oficialmente se considera normal, pero a mí esto me parece una barbaridad. No me voy a extender tampoco en profundizar en este biomarcador porque ya lo voy a hacer en mi próximo libro, pero niveles altos de homocisteína afecta a absolutamente todo.

Para empezar, daña el revestimiento de los vasos sanguíneos (endotelio) y promueve procesos inflamatorios y de coagulación. Ya hemos visto que esto es lo que hace que el colesterol deje de circular con normalidad por la sangre y ser protector y se “pegue” en los vasos sanguíneos, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares como la arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias), trombosis (formación de coágulos en los vasos sanguíneos), ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

Además, aumenta el riego de Alzheimer. La barrera hematoencefálica está compuesta principalmente por endotelio. Esta barrera es una estructura crucial que protege el cerebro de sustancias potencialmente dañinas en la sangre, al tiempo que permite el paso de nutrientes esenciales. Estando dañada por la homocisteína, facilita la entrada de neurotoxinas y otras sustancias nocivas al tejido cerebral, contribuyendo al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Pero no solo afecta a estas dos cosas, ya de por sí solas suficientemente importantes para mantener la homocisteína por debajo de 8, sino que como dije afecta a todo. Si se acumula (atasca) no seguirá su curso convirtiéndose en SAMe (s-adenosilmetionina) una molécula necesaria para proteger y reparar nuestro ADN (nuestros genes, nuestro manual de instrucciones para construir y mantener el organismo sano) y para controlar qué genes se activan o desactivan (epigenética). Por tanto, con homocisteína alta (con menos SAMe), tendremos menos capacidad de proteger el ADN, reparar sus daños, y una peor expresión de los genes en su ambiente, lo que llevará a un envejecimiento acelerado, peor funcionamiento de cualquier parte del organismo y mayor riesgo de cualquier enfermedad.

 

Conclusión:

 

NO ES LO MISMO QUE ALGO ESTÉ DENTRO DE RANGO OFICIAL A QUE ESTÉ EN SU PUNTO ÓPTIMO

 

He citado solo unos pocos ejemplos, pero podríamos hacerlo extensible a casi cualquier biomarcador de las analíticas. Dejamos a parte el hecho de que en las analíticas convencionales no se miran nunca (probablemente porque no se mejoran con fármacos) biomarcadores tan importantes para el correcto funcionamiento del organismo como los aminoácidos en suero, la vitamina B6, el selenio, etc., y otros muy muy rara vez como la homocisteína ya comentada, el zinc, el magnesio, la insulina, el APOB, las vitaminas B9, B12, y la D… y esta última las pocas veces que se mira, se interpreta mal al valor y cuando se suplementa, se hace por debajo de lo necesario y con la forma de vitamina D menos eficiente para la mayoría de las personas, como explico en este artículo.

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Curro Clavero

Dietista-Nutricionista

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